Comienzo la semana con un retorno a las artes manuales, pero un poco mentiroso porque es algo que hice en... mmmm... creo que febrero...
A pesar de eso, aprovechando el único ratito de sol después de semanas y semanas, recién ayer le di utilidad a mi creación.
Con cemento que había sobrado de un trabajo en casa y diferentes envases de helado y otros, fabriqué macetas.
Un tip que me pasó mi hermano: dejar secar dentro de una bolsa de nylon para el correcto fraguado del cemento.
Otro tip: manejar la impaciencia también ayuda al correcto fraguado del cemento. De lo contrario, desmoldar antes de tiempo, favorece la rotura de la pieza a la mitad u otras partes. Solución en este caso: pegamento potente proporcionado por marido salvador.
La grieta se ve, pero tampoco queda tan mal (en la foto elegí el mejor perfil, jeje)
Antes de que se vaya el solcito, aprovecho para llenar mis nuevas macetas transplantando algunas suculentas que lo necesitaban. A la maceta pintada me la regalaron.
De pasada, presento en sociedad a mi nuevo ayudante en las tareas del jardín.
Desde hace unos meses, él nos adoptó y ya está prácticamente instalado.
Ahora sí, ya están listas para lucirse aunque el sol se haya escondido de nuevo.
Algunas son chiquititas y deberán crecer mucho para llenar la maceta que las contiene.
Otras lucen sus flores que, poco a poco, de la mano del otoño se van secando e igual quedan hermosas.
Y también están las que se cubren de espinas.
Y después de este rato de trabajo al aire libre, tan reconfortante, no me queda más que decir:
¡FELIZ SEMANA!