domingo, 12 de noviembre de 2017

UN MUEBLE CON HISTORIA

El post de hoy no es sólo sobre un mueble vajillero antiguo reciclado porque viene con anécdota incluida, lo que hace que no sea un mueble común y corriente. 


Perteneció a la casa de mi abuela paterna, en el campo, adonde iba con mi familia los veranos de mi infancia. Durante ese tiempo era muy diferente, pintado de marrón oscuro y con vidrios trabajados en las puertitas, uno de lo cuales perdió en un incidente que quedó para el recuerdo familiar.


Yo era muy chiquita, así que me acuerdo de esta historia por la cantidad de veces que me la han contado, pero mi propio recuerdo es muy poco...


Estábamos en la casa del campo por almorzar y mi mamá me mandó desde la cocina a buscar algo en este vajillero, que estaba en el comedor. Allí se guardaban, como ahora, platos, vasos, utensilios, frascos o latas con arroz, fideos, azúcar... Todo bastante rompible.


Cabe destacar que la parte superior del mueble, antes como ahora, está apoyada sobre la parte inferior, de modo que son dos partes independientes. 


Lo que mi mamá me mandó a buscar, estaba en la parte superior. Y yo, en lugar de ir a buscar una silla para subirme porque como era chiquita no llegaba, y porque tenía la costumbre de trepar a todos lados, intenté "escalar" el mueble, supongo que apoyando una rodilla en el medio y agarrándome de arriba. 


Desde la cocina, se sintió el tremendo estruendo porque en esta operación la parte superior del mueble se vino al suelo conmigo. Literalmente, me lo tiré encima.


Imagino que el susto de mis padres habrá sido tremendo. Levantaron el mueble y me sacaron de abajo, entre vidrios, loza rota, arroz, fideos, azúcar y demás cosas que estaban guardadas allí. 


Por supuesto que salí asustadísima y llorando, pero sin el más mínimo rasguño. Bien se dice que los niños tienen su propio Ángel de la Guarda. 


Mi abuela le regaló el mueble a mí mamá, y como recuerdo de esa vez, tuvo mucho tiempo, uno de los vidrios de las puertas roto, el otro se salvó.
Finalmente, mi mamá lo recicló y actualmente, se luce en este ambiente.


Está en un lugar que visito seguido, y por supuesto que cada vez que voy a buscar un plato, un vaso o una taza... recuerdo ese día en que tuve la loca idea de treparlo y se me dibuja una sonrisa.  

domingo, 5 de noviembre de 2017

CACTUS FLORECIDOS

Por estos días, varios de mis cactus me han dado la sorpresa de florecer. Son cactus pequeños y, por lo tanto, sus flores son modestas, pero no por eso menos hermosas. 











Un capítulo aparte es este cactus (para nada modesto), de la colección de mi mamá, cuya flor espectacular supera todas las expectativas de tal manera que vale la pena compartirla. Un dato para nada despreciable es que esta flor tiene 15 centímetros de diámetro, una locura para ser que el cactus a lo sumo tiene 20 centímetros de alto y no más de 5 de diámetro.





Ya sea con flores grandes o pequeñas, llamativas o comunes, o no por sus flores sino por otros atributos, los cactus siempre me sorprenden y me encanta cultivarlos.  Son un sano "vicio" que adquirí hace ya bastante tiempo y que he contagiado a varias personas a mi alrededor. 


viernes, 27 de octubre de 2017

CAJA DE TÉ

Ésta caja de té la pintó mi mamá para mí hace varios años ya. Sin embargo, el tiempo y el uso hicieron que se viera deslucida, así que le pedí que la repintara, respetando el diseño original. Quedó hermosísima y aproveché la hora de la merienda para sacarle fotos.










¡FELIZ FIN DE SEMANA!

jueves, 19 de octubre de 2017

UN RAMO DE FLORES

Siempre me gusta tener algún ramito de flores en mi casa, y me encanta armar mis propios arreglos, sencillos por supuesto y con las flores y ramas que tengo a mano, casi siempre sin comprarlas. 
Hace varios años ya, cuando aún éramos novios, mi marido me regaló un florero con un arreglo precioso. Las flores duraron, por supuesto, lo que tenían que durar y me quedó el hermoso florero al que utilizo una y otra vez, y que siempre sale en todas mis fotos. 
Unos días atrás me puse a recopilar esas fotos y decidí reunirlas en una entrada en mi blog. Vamos a ver cómo resulta esta colección...

Ésta es la foto más actual, las flores que en este momento  se lucen en mi florero fotogénico.
 
 
Y aquí, otras fotos anteriores, de hace poco o de hace mucho...













Y a modo de yapa, otros arreglos florales que hice, y también fotografié, pero para los que utilicé otros recipientes.





La semana se va terminando y yo me dejo invadir por el aroma y los colores de todas estas flores, mientras espero, en lo personal, que otras cuyos pimpollos están cerrados todavía desde hace mucho tiempo, por fin florezcan y me llenen de alegría.

jueves, 12 de octubre de 2017

PASEO DE DOMINGO

Sisi, me enteré que está por terminar la semana y que yo vengo con una entrada sobre un paseo del día domingo. Pero qué le voy a hacer si el tiempo vuela y cuando me quiero acordar otra semanita se va del almanaque. 

Entonces no importa, comparto este paseo que hice la tarde del domingo, en el que fui a un lugar que no conocía y que, además, incluye una sorpresa al final. 




Por la costa bonaerense, a unos catorce kilómetros de Miramar, hacia el sur, hay una pequeña localidad que se llama Mar del Sur. El pueblo es muy chiquito y no presenta gran atractivo, por lo que según mi opinión no es un lugar para ir a quedarse, sino nada más para pasar el día o la tarde. Eso último hice yo, un típico paseo dominguero.




Me gustó conocer las playas que me resultaron distintas por tener acantilados, ser más bien rocosas y con una arena gruesa y tirando a anaranjada.





Cámara en mano, caminé un poco por esa arena descubriendo el paisaje.




Fue una caminata un tanto heroica porque el día estaba nublado, soplaba mucho viento y hacía frío (¿Y la primavera? Bien, gracias... no sé adónde se habrá quedado porque a la costa todavía no llegó).







A la vuelta, sobre la ruta bordeando el mar, obviamente yo iba mirando en su dirección y disfrutando de su calma y sus colores... Hasta que vi un montículo negro que aparecía sobre la superficie y se volvía a sumergir. Le pedí a marido detenernos para mirar mejor y ya había grupos de personas observando y fotografiando los varios grupos de ballenas que estaban a poca distancia de la costa.




Se trata de la ballena franca austral (Eubalaena australis) que pasa por la costa bonaerense en su migración hacia Península de Valdés, que es su área reproductiva. A quien le interese acá dejo un link a un artículo que salió en el diario local hace unos meses sobre el tema.




Para mí, fue una gran sorpresa verlas ya que aunque de vez en cuando aparece como noticia en los medios locales, nunca las había visto "en vivo y en directo". Así que fue un hermoso cierre para un día de paseo bien aprovechado y disfrutado.