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lunes, 8 de enero de 2018

SEÑALADORES PARA MACETAS

Como me voy de viaje sola por unos días, y el calor veraniego amenaza con convertir en polvo todas las plantas en maceta instaladas en mi pequeño patio, le dejé encomendada a mi marido la tarea del riego. 

Sin embargo, no todas las plantas deben ser regadas por igual e incluso, los cactus y muchas suculentas pueden aguantar perfectamente sin riego los días de mi ausencia. Entonces, ideé unas "banderitas" para señalar las plantas que deben ser regadas y un código de colores que indican la frecuencia de riego.


Para hacerlas, utilicé palitos de brochette (el señor google dice que brochette se escribe así, y yo le creo porque no tengo ni la menor idea de cómo se escribe) y cintas washi tape de distintos colores. Nada más simple.



Luego, coloqué las banderitas en las macetas y al ponerme a sacar fotos, me di cuenta de que pasan bastante desapercibidas y esa puede ser la principal dificultad de mi método: ¡que el encargado de regar no las vea!








A quienes me siguen y saben de mi "bosque" de Ginkgos biloba en la cocina  les cuento que hace un par de meses vi que los arbolitos no crecían, entonces los llevé afuera y siguió pasando lo mismo. Me di cuenta de que las macetas, si bien eran adecuadas para su tamaño visible, no lo eran para las raíces que crecen dos o tres veces más que la parte aérea. Mi suposición fue que al no poder expandirse hacia abajo, tampoco podían sacar nuevas hojas. Lo ideal hubiese sido ponerlos directamente en tierra para que crezcan a su antojo, pero como yo no tengo más jardín con tierra tuve que pensar otra solución. Eso sumado a que las macetas grandes y profundas son carísimas, hicieron trabajar el ingenio. Conclusión: compré caño de pvc de 15 cm de diámetro, dos tapas y con la ayuda de mi marido (de quien fue la idea) se convirtió en dos macetas de unos 50 cm de altura. En una planté dos de los ginkgos y en la otra el tercero. Los tres empezaron a crecer y sacar nuevas hojas, sin embargo por alguna razón desconocida hace cosa de dos semanas uno se secó. 




Ayer, cuando me despedí de mi marido, su última frase fue la siguiente pregunta: ¿Qué significaba el código celeste?

Así que veremos dentro de unos días, si la idea de las banderitas realmente funciona... 

domingo, 5 de noviembre de 2017

CACTUS FLORECIDOS

Por estos días, varios de mis cactus me han dado la sorpresa de florecer. Son cactus pequeños y, por lo tanto, sus flores son modestas, pero no por eso menos hermosas. 











Un capítulo aparte es este cactus (para nada modesto), de la colección de mi mamá, cuya flor espectacular supera todas las expectativas de tal manera que vale la pena compartirla. Un dato para nada despreciable es que esta flor tiene 15 centímetros de diámetro, una locura para ser que el cactus a lo sumo tiene 20 centímetros de alto y no más de 5 de diámetro.





Ya sea con flores grandes o pequeñas, llamativas o comunes, o no por sus flores sino por otros atributos, los cactus siempre me sorprenden y me encanta cultivarlos.  Son un sano "vicio" que adquirí hace ya bastante tiempo y que he contagiado a varias personas a mi alrededor. 


miércoles, 20 de septiembre de 2017

TRANSFORMACIÓN A GRAN ESCALA

Bueno, bueno... capaz que exageré y la escala no es taaan grande, es, digamos, mediana... En fin, empecemos por el principio.

Hace unos tres meses marido y  yo nos mudamos, no sólo de casa sino también de ciudad, aunque a una ciudad que ya conozco casi de memoria y en la que, en parte, ya vivía por venir a estudiar todas las semanas. A pesar de eso, lo viví como un enorme cambio que todavía me está costando aceptar. No sé si extraño la otra ciudad, o la otra casa, pero lo que sí sé que extraño es el jardín que dejé. Pasé de casi 400 metros cuadrados de loma, pasto y árboles a un patio embaldosado con las paredes descascaradas, de no más de 20 metros cuadrados. Si bien está planeado para ser algo pasajero, el mientras tanto me hace sentir como leona enjaulada la mayor parte del tiempo. 

La cuestión es que en un día de nostalgia me puse a mirar fotos de hace unos años y me encontré con que éste fue el panorama que encontramos (y que aceptamos) en la anterior mudanza. Ya un poco me había olvidado, pero así era inicialmente mi jardín.


 

Muestro las fotos así, con toda su crudeza y fealdad. Nunca las hubiera mostrado si no fuera para compartir mi experiencia de cuánto se puede lograr con esfuerzo, y obviamente a bajo (mínimo) costo monetario porque la situación no permitía ponerse a invertir en paisajismo y además, quería hacerlo yo misma (con ayuda de marido por supuesto). El tiempo empezó a pasar y de ese estado inicial, unos aproximadamente cuatro años después, esa parte del jardín se convirtió en esto...








Las fotos del cambio son una recopilación de la última primavera y del último verano. No sé si se nota o lo noto sólo yo porque conozco el lugar, pero las fotos reflejan exactamente el mismo espacio antes y después de la transformación. Ésta es sólo una parte, pero de la misma manera, a puro pulmón, hicimos lo mismo en casi todo el terreno, desmalezando, sacando inmensos árboles secos o en mal estado, salvando otros, plantando, poniendo césped, etc., etc. Para mí, la satisfacción es enorme, así como es enorme la nostalgia de haber dejado este espacio que tanto costó construir y en el que puse tanto de mí misma. 



Encontrar esas fotos, me sirvió para tomar conciencia de lo que soy capaz, de lo que cada uno es capaz siempre y que a veces, entre el día a día de la vida uno no dimensiona y se termina diluyendo en lo que diariamente hay que resolver. Entonces pienso que ésta sí ésta es una transformación a gran escala, la transformación que ocurre a nivel personal, muy adentro, porque construir un jardín o llevar adelante cualquier proyecto despierta capacidades dormidas, o que creíamos que no teníamos, y fundamentalmente, siempre resulta en aprendizaje, el cual por supuesto, transforma. 


Y entonces, como sé de lo que soy capaz, dejo a un lado la nostalgia y comienzo a imaginar y poner manos a la obra en mi nueva realidad, ese patio chiquitito que constituye un nuevo desafío, y un lienzo en blanco en el cual plasmar tal vez, una obra de arte.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

UN BOSQUE EN LA COCINA

A fines de Abril, motivada por una de las materias que estaba cursando en la facu -Morfología y Anatomía Vegetal- sembré cinco semillas de Ginkgo biloba (hermoso árbol de gran porte que creo que es conocido por todo el mundo)

En una bandejita de plástico con tierra coloqué las semillas, las regué y tapé con un nylon (un pedazo de bolsa) que ajusté con una bandita elástica. Nunca más las toqué hasta aproximadamente un mes después cuando no pude con mi ansiedad, destapé la bandeja y extraje las semillas para comprobar su estado... Para mi gran sorpresa, estaban germinando. Volví a acomodar todo y, unas semanas más tarde, uno de los ginkgos empezaba a empujar el nylon. Poco a poco, aparecieron los demás.


Cuando crecieron un poco pasé cada uno a una maceta individual.



De los cinco, me pasó que uno se me quebró transplantándolo (una torpeza de mi parte, hay que decirlo), otro se lo regalé a mis papás y los tres restantes... forman un "bosque" en la cocina.



Si bien las fotos son del mes de Julio, no hubo cambios desde entonces. Cada ginkgo tiene tres hojas y así quedaron. Me parece a mí que de alguna manera detectaron que era pleno invierno y detuvieron su crecimiento. Así que tengo esperanza de que cuando empiece un poco el calor de la primavera, continúen creciendo.


¿Qué tendría que tener en cuenta alguien que quiera hacer lo mismo que yo? Nada en especial. Un sustrato húmedo permanentemente (por eso tapé la bandeja con un nylon así no se secaba la tierra), ya que lo esencial para que se desarrolle el embrión de una planta es la imbibición (entrada de agua a la semilla), una temperatura más o menos agradable y una buena dosis de paciencia. 


Cuando escucho la frase: "hay que tener mano verde, yo no la tengo y soy un desastre con las plantas" siempre reniego porque pienso que eso es mentira o, en todo caso, una gran excusa. Para mí se trata de conocimiento, interés, ganas, observación y paciencia, nada más que eso. Y con conocimiento me refiero no sólo al que se aprende en los libros o en una clase sino también al que se logra después de probar mil veces algo sin lograr buenos resultados, hasta que la vez mil uno es la exitosa, es decir, la experiencia y la observación atenta son una gran fuente de conocimiento. Por eso, la mano verde, no existe.
Y también está el factor azar, no todas las semillas que uno siembre van a germinar, no todas las plantas que germinen van a llegar a adultas, no todas las plantas que lleguen a adultas van a florecer y a dejar fruto (no lo digo yo, lo dijo Darwin hace más de 150 años). Saber eso y aceptarlo es parte del éxito.
 

No sé qué va a pasar con mis G. biloba. Sí sé que, por ahora, tengo un bosque en la cocina :)

P.D.: Ya que estoy y que me metí en un tema de Biología... Cuando se nombra una especie por su nombre científico, como Ginkgo biloba, éste consta de dos partes, la primera es el género (Ginkgo) y la segunda es la especie (biloba). Se llama nomenclatura binomial y fue ideada por Linneo en el siglo XVIII. El nombre de una especie siempre se escribe en letra cursiva o se subraya, cuando la especie se nombra por primera vez se escriben ambos nombres y todas las demás veces que se nombra se abrevia el género y se escribe la especie, por ejemplo: G. biloba. 

jueves, 16 de febrero de 2017

ENLATADAS

Una de las cosas que hice este verano fue renovar algunas de las macetas de mis suculentas. Pasa que con el tiempo van llenándola y comienzan a lucir desprolijas. Un caso extremo es el de estas echeverias...


que estaban en un estado deplorable, apiñadas en una maceta que les quedó chica e intentando en esas condiciones crecer, por lo que tenían tallos largos y retorcidos y las rosetas bastante deformadas (me olvidé de sacar foto previa).


La medida que tomé fue bastante drástica, pero productiva. Las "decapité" a todas dejándole un tallo con longitud suficiente para poderlas plantar. Lamentablemente, tuve que descartar algunas rosetas que no tenían salvación, chiquitas, deformadas, secas.


Para volverlas a plantar, no usé ninguna maceta sino una lata de dulce de batata, redonda y chata que me pareció ideal para alojar mis plantitas. La pinté con pintura sintética para que no se oxide (o al menos para que no se oxide tan rápido). Es de un color aguamarina con el que el año pasado pinté dos sillas Quilmes que reciclé. Mientras pintaba, me di cuenta que el pincel no estaba del todo limpio así que, el etéreo aguamarina quedó veteado con un poco de la pintura oscura que tenía el pincel. Pero bueno... cosas que pasan... tan mal no quedó... (esto es puro autoconvencimiento).


Realmente el procedimiento funcionó porque las sucus mejoraron, comenzaron a crecer y más vale que me vaya al almacén a pedir otra lata de dulce de batata porque pronto voy a tener que transplantarlas de nuevo. Además, ya que estaba con el pincel en la mano, transformé en macetas dos latas de durazno y enseguida planté sus nuevas ocupantes.



Y como ya no me quedaban más latas por pintar, pero sí más plantas que plantar, usé esta fuente de melamina blanca cuyo fondo se rompió y ya no servía como tal.